Un sueño por cumplir

Hace un año tomé la dura decisión de cambiar radicalmente el rumbo de mi vida para dedicarme de lleno a las traducciones. Durante 22 años logré combinar la bonita profesión de traductor/intérprete con un empleo fijo en Instituciones Penitenciarias. Es decir, trabajaba 36 horas semanales en cárceles holandesas y otras muchas como traductor autónomo. Muchos de mis excompañeros me preguntaban siempre cómo me las apañaba para trabajar tantísimas horas semanales, ser tan positivo y no acabar hecho polvo. Simplemente les contestaba que era duro de pelar y que nunca me disgustó trabajar.

Pues bien, tras haber trabajado durante 28 años para el Ministerio de Justicia de los Países Bajos y tras la enésima reorganización, llegó la hora de marcharse. El cierre de numerosos centros penitenciarios supuso la reducción de plantilla. Según los expertos, los índices de criminalidad han bajado considerablemente en el país de los molinos, quesos, zuecos y tulipanes. Sea como fuere, ¡el tiempo lo dirá!

Cuando finalmente pedí el despido, muchos funcionarios me dijeron que tenía un par de cojones. Ellos no se atrevían a dar el salto aún estando más agobiados que yo, porque a sus años ya no tenían ninguna oportunidad de encontrar otro puesto de trabajo. Según ellos, yo era una persona muy afortunada por tener otra profesión, hablar 4 idiomas, ser traductor especializado en el ámbito jurídico e intérprete consecutivo. Que habiendo desempeñado la función de Jefe de Servicios durante años y teniendo don de gentes, que tendría éxito en cualquier cosa que emprendiese.

Ahora bien, pasar de ingresos fijos a ingresos muy inestables es una de las pocas cosas que sí me ha quitado el sueño. La indemnización que recibí hace un año era una mierda, pero no me arrepiento de haber dado este paso. Trabajar en centros penitenciarios no es muy inspirador que digamos para las personas creativas y de mente abierta como yo, a menos que trabajes como educador social.

Muchos blogueros nos han explicado sobradamente las ventajas y desventajas de ser autónomo. Aparte de los ingresos fluctuantes, tarifas bajas, vacaciones no pagadas, etc., yo únicamente veo ventajas. Mucho depende de lo emprendedor que es uno y de seguir con la ilusión inicial de cumplir tus sueños, objetivos y metas.

Cuando me encargan una traducción siempre pienso que sí es posible vivir de las traducciones. En cambio cuando pasa una semana sin que haya tenido encargo alguno, pienso que lo llevo crudo. Esa incertidumbre es lo que peor llevo y a la que no me acostumbraré nunca, pero… ¡no cejaré en mi empeño hasta conseguir realizar mis sueños!

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¡Hasta la próxima!

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